Postura Artística

 

            Cualquier miembro de la sociedad humana es capaz de experimentar y sentir un espíritu gitano, aunque no lo haya adquirido por nacimiento. A pesar de sonar romántico, la jornada del ser nómada requiere de un resistente espíritu y de mucho valor para afrontar la falta de un hogar permanente. La sociedad de occidente tiende a idealizar el desapego a la sociedad de aquel que escoge la vida gitana, sin considerar el valor que tiene el ejercer y vivir de acuerdo a las propias convicciones. Así ha sido mi vida: nací Mexicano-Americano y me crié en la cultura Anglo-Americana. Me decidí muy joven a perseguir mi carrera en la danza española (una etnia muy distante de cualquier cosa que me fuera familiar), y así lo hice.

            Mi decisión tuvo sus grandes sacrificios: tuve que dejar a mi familia, mi hogar, mi cultura y mi país. Gracias a Dios contaba con el privilegio de la juventud que me dio la fuerza para luchar por los deseos de mi alma. Nunca deja de admirarme el poder que una sola decisión puede tener en la transformación completa de una vida.

            Esta decisión de hacer carrera en la danza española me abrió las puertas de un universo hasta entonces inimaginado para mí. Tan maravilloso ha sido este universo, que si debiera morir mañana, me consideraría un hombre lleno de riqueza. Me convertí en efecto en exponente del baile Flamenco y Clásico Español, y puedo decir con humildad que he rendido honor a este arte.

            Tuve la gran suerte de estudiar con los grandes maestros de aquel tiempo, y tuve la bendición de ser alumno predilecto de estos increíbles artistas. De España obtuve gran inspiración y una riquísima educación, no sólo en danza, sino también en arte, idiomas, teatro y en la diversidad de personas de todas partes del mundo que me abrieron la posibilidad de comprender y apreciar diferentes culturas del mundo.

            A través de mi arte, pude viajar a distantes tierras, convirtiéndome en embajador de la danza española delate de de audiencias de Europa, del Cercano y Lejano Oriente, y de Australia. Mi carrera me dio experiencia en teatro, televisión, cine, cabaret y tablao flamenco. Mis mejores herramientas fueron las disciplinas y habilidades que adquirí desde niño a través de la danza irlandesa, el tap, ballet, jazz, y comedia musical. Los rasgos adquiridos a través de estas disciplinas fueron lo que me mantuvieron dentro de profesión con tan implacable competencia. Son también estas habilidades las que hacen que mis piezas actuales tengan un carácter teatral tan distintivo.

            Mi jornada de 24 años me ha traído de vuelta a mi país de origen, enfrentándome ahora a una situación muy distinta de lo que he vivido. ¿Como puedo utilizar el arte de la danza española para hacer alguna contribución significativa para el enriquecimiento de una sociedad tan homogenizada? Esta cuestión, no es sólo problema mío, sino un asunto con el que esta sociedad está lidiando de momento. ¿Se convertirá Estados Unidos en un país bilingüe? ¿Cómo entenderán los americanos su legado histórico como parte de la Nueva España y de las colonias Británicas? Yo, como mexicano-americano me siento bastante orgulloso de mi herencia cultural. Mi identidad y mestizaje son únicos y sólo hice conciencia al respecto por haberme educado en el extranjero. Además de este gran reto, me ha surgido otro igual de complicado: el concepto americano de la Mercadotecnia o Marketing. ¿Cómo se supone que un artista, que ha dedicado su vida entera al perfeccionamiento y profundización de su arte, se convierta también en mercadólogo competente? Sin embargo, el saber vender es una habilidad fundamental para sobrevivir en el nuevo mundo.

        ¿Seré vegetal, animal o mineral? ¿Cuál es mi categoría? Es cierto que he dedicado mi vida al estudio de la danza, pero además de esto, comprendo de manera especial a la humanidad, soy un maestro de vocación, un hábil sastre y diseñador de vestuario, sé trabajar el mosaico, la pintura, el papel maché, la piel y la madera. Durante los últimos 12 años me he dedicado a la enseñanza de la danza de manera particular y como profesor adjunto en la Universidad de nuevo México. Radico en Albuquerque, y de momento me encuentro con que mi espíritu se encuentra falto de satisfacción. Mi ideal ha sido fundar una escuela de flamenco y una compañía profesional, pero de momento ese sueño me parece un tanto limitado cuando contemplo toda mi experiencia teatral y todas mis vivencias. En otras palabras creo que mi gran pasión reside en el teatro. Parece ser el único medio que conjunta todas las habilidades que poseo para dar paso a la magia. En conclusión, me encuentro dispuesto a cualquier empresa que el lector considere interesantes y lucrativas desde el punto de vista artístico.

Al caminar del gitano,

Pablo Rodarte